domingo, 1 de abril de 2018

Benoit Paillé

Benoit Paillé es un fotógrafo canadiense (natural de Trois-rivières, reside en Montreal) que presenta una obra exuberante y muy particular, un poco cínica. El claro artificio de sus imágenes hace referencia al mercado turístico y a las formas en que los bellos paisajes naturales se convierten en creaciones sintéticas y comerciales.

© Benoit Paillé

© Benoit Paillé

Biografía

Benoit Paillé, drogado con ritalin desde la infancia hasta los 24 años, se comprometió primero en una profesión biomédica, antes de caer en el infierno de la fotografía en 2007. Durante más de tres años, ha estado viviendo y trabajando en la carretera en una autocaravana, documentando sus viajes a través de su cámara.

Su energía electrizante y su deseo de romper con cualquier convención le han permitido adquirir rápidamente una gran reputación. En 2015, fue reconocido como uno de los mejores 50 fotógrafos emergentes en los LensCulture Emerging Talent Awards.

Para él, cada ambiente es propicio para la creación. Gracias a su estilo de vida nómada, está continuamente expuesto a eventos imprevistos que favorecen la aparición de nuevas visiones. No tiene que buscar oportunidades, pues el momento presente da forma a sus imágenes. Los antecedentes heterogéneos de la sociedad postindustrial y las personas que encuentra al azar le sirven de inspiración.

Al volver a imaginar el territorio, tanto real como imaginario, sus fotografías desafían el patrimonio moderno de nuestras sociedades: la propiedad privada, la omnipresencia de las fronteras, el consumo excesivo de drogas y recetas, la publicidad enfermiza, el culto al turismo, etc.  Sus fotos llevan la firma de una conciencia aguda que quiere molestar la mirada, y su interés por las referencias más triviales (cercas, postes, esquinas de muros) muestra que lo hace con humor.

En su casa rodante, Paillé obtiene energía de un panel solar; lleva su cámara, un flash, y geles de colores. Tiene un mínimo de recursos, pero sí cuenta con una tostadora, lo que representa un lujo para él. Los colores vivos y artificiales que saturan sus diarios de viaje son una alusión a su propia independencia creativa; pues como fotógrafo, puede desdoblar y mutar la realidad para satisfacer sus caprichos. Rosas neón, verdes y azules se vuelven como una firma, una huella digital que evidencia su propia existencia.

Se inclina hacia la imagen construida. Construir imágenes le permite alcanzar su objetivo más rápido, que es descubrir una realidad descuidada, juzgada demasiado común como para ser de interés. Para mostrar lo real, utiliza trucos y simulación: su credo es que la fotografía no es una representación de lo real, sino que la crea.

Referencias

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