viernes, 18 de abril de 2014

José Manuel Ferrater

José Manuel Ferrater es un fotógrafo catalán (nacido en 1948 en Barcelona, donde reside) reconocido por su fotografía de moda y dirección de spots de belleza, moda y publicidad. Su trabajo lleno de fuerza, expresividad y creatividad le ha ganado el respeto de los profesionales del este sector.

 

 

© José Manuel Ferrater

© José Manuel Ferrater

 

 

 

 

Biografía

José Manuel Ferrater se inició en la fotografía matriculándose en 1968 en la escuela Eina. Sus primeras fotos (que eran de un doble accidente en el circuito de fórmula 1 de Montjuïc y nunca las pudo firmar) las publicó en la revista Triunfo durante una substitución de Xavier Miserachs, su profesor en Eina. Desde mediados de los 70 se ha dedicado a la fotografía de moda, participando en campañas internacionales al máximo nivel y trabajando con las mejores modelos (Naomi Campbell, Cindy Crawford, Claudia Schiffer, Linda Evangelista, Amber Valletta, Lara Stone, Carolyn Murphy, Carmen Kass, Helen Christensen, Laetitia Casta, ... ).

Pasó siete años trabajando entre Nueva York, París y Milán, en una vorágine compulsiva de producción fotográfica y de cine publicitario que le situó en la cúspide de la fotografía de moda,  publicado sus imágenes en las más relevantes publicaciones del mundo, como Harper’s Bazaar, Vogue, Glamour, Donna y Arena.

En 1990 entró en un proceso de reflexión personal que le llevó a reducir drásticamente su prolífica actividad fotográfica y a regresar a Barcelona, donde dirige, desde 2008, Ferrater Estudio, un proyecto interdisciplinar (fotografía y cine) basado en el trabajo en equipo (director de arte, retoque, producción, iluminación y técnicos) con un objetivo común: volver al espíritu libre de los 70 utilizando las últimas tecnologías.

Lo más característico de su fotografía es una constante búsqueda de la expresividad del modelo. Sus imágenes, en su mayoría retratos en blanco y negro, poseen una fuerza vibrante que busca extraer al máximo la belleza interior, al margen de la evidente belleza superficial. Su obra transmite algo más que los valores del producto: emoción, tensión, dolor a veces. Resuelve la frustración, el desencanto o la incomodidad en juegos de luces y sombras que impactan por su fuerza visual, condensando la belleza en un instante congelado.

En su última etapa, ha encontrado en la pintura un tipo de expresión que la fotografía no ha podido proporcionarle.

En 2009 expuso por primera vez, la muestra, Los niños de Benín (Imaginart Gallery, Barcelona, 2009), una instalación compuesta de 36 cuadros, 66 fotos en un vídeo y 23 poesías, donde, a partir de unos niños bailando en Benín, escupe sus traumas infantiles, en un trabajo realizado a lo largo de ocho años, en gran formato, y en los que utiliza tres colores básicos: el rosa brillante, el blanco y el negro. En esta obra aparecen cruces, curas, aguijones de escorpión y figuras humanas a las que sólo les queda la piel, como símbolo perturbador de lo que físicamente permanece.

Actualmente prepara  una exposición antológica de su obra pictórica en el Museu Brasileiro da Escultura de São Paulo y en el Museu Oscar Niemeyer de Curitiba (Brasil).

 

 

 

Referencias

 

 

 

Libros

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